Obertura y olvido en oscuridad fractal crepuscular en camino bombardeante encendidos a gélidos setas sumida en mutismo infinito zumbando el orbe a mis oídos para decir que mi voz es aliento de huracanes estampidas de búfalos. Roja y más roja de agonías corriendo en búsqueda de tus cenizas le gritaba a la sombra… y allí estabas tú piedra en laberinto nacido de la nada. Es música no sacra justicia parda y ocre aún máscaras en bacanal abismos frutos de arañas y fuego de lluvias ácidas anclando en irisados esputos. Relincho de alacranes espadas flamígeras el caracol óseo que es hoy cenizo rastro de erectos galgos hambrientos es basílicas en ecos de instantes eternales de morir sin muertes. Su esfinge es virginal conclave de átomos puros a sus fauces y a mis oídos un Nerón en su cítara cantando a su Roma que arde en fuegos hielos. Ágape en la sombra parda alcoba en la fría noche palabra hundida en el océano mar sin agua tierra sin fuego aire sin oxígeno y alma sin más alma que la etérica. Es mi llanto coraza en etnas Es mi corazón un zumbido en muerte letal No me llega la guillotina sino en mi hora nona Y mis verdugos son espartacos en Efeso. Buenos Aires, 31 de octubre de 2007.
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